martes, 18 de agosto de 2015

VIDEO PEDAGOGIA DE LA LIBERACION

VIDEO ELABORADO POR WILKINS ALTAMIRANO



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viernes, 7 de agosto de 2015

Sus Origenes

La educación liberadora es un proceso de renovación de la condición social del individuo, considerando al sujeto como un ser pensante y crítico, reflexionando de la realidad que vive.

Esta aproximación planteada a mediados del siglo XX por el profesional de la educación, Paulo Freire, de origen Brasileño. Plantea una serie postulados completamente opuesta a las teorías existentes en este momento histórico, con los cuales trata de valorar el proceso educativo, como factor primario para la generación de pensamiento consiente, sin desligarse del entorno en que se desarrolla la educación.

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martes, 4 de agosto de 2015

Paulo Freire

Paulo Reglus Neves Freire (Recife, Pernambuco, 19 de septiembre de1921-São Paulo, 2 de mayo de 1997) fue un educador y experto en temas de educación, de origen brasileño. Uno de los más influyentes teóricos de la educación del siglo XX.

Biografía
Hijo de una familia de clase media pobre de Recife, Brasil, nació el 19 de septiembre de 1921. Freire conoció la pobreza y el hambre durante la Gran Depresión de 1929, una experiencia que formaría sus preocupaciones por los pobres y que le ayudaría a forjar su perspectiva educativa.
Freire ingresó en la Universidad de Recife en 1943, en la Facultad de Derecho, donde estudió filosofía y psicología del lenguaje al mismo tiempo. Se incorporó en la burocracia estatal, pero nunca practicó la abogacía, sino que prefirió dar clases de portugués en secundaria. En 1944 se casó con Elza Maia Costa de Oliveira, que era profesora de primaria. Tuvieron cinco hijos y colaboraron por el resto de su vida.
En 1946 Freire fue nombrado Director del Departamento de Educación y Cultura del Servicio Social en el Estado de Pernambuco, Estado del que su ciudad natal es capital. Trabajando principalmente entre los pobres que no sabían leer ni escribir, Freire empezó a adoptar un método no ortodoxo de lo que puede ser considerado una variación de la teología de la liberación. En esa época, leer y escribir eran requisitos para votar en las elecciones presidenciales brasileñas.
En 1961 fue nombrado director del Departamento de Extensión Cultural de la Universidad de Recife, y en 1962 tuvo la primera oportunidad de aplicar de manera significativa sus teorías, cuando se les enseñó a leer y escribir a 300 trabajadores de plantíos de caña de azúcar en tan solo 45 días. En respuesta a estos buenos resultados, el gobierno brasileño aprobó la creación de miles de círculos culturales en todo el país.
En 1964 un golpe de Estado militar puso fin al proyecto: Freire fue encarcelado como traidor durante 70 días. Tras un breve exilio en Bolivia, Freire trabajó en Chile durante cinco años para el Movimiento Demócrata Cristiano por la Reforma Agraria y la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas.
En 1967 Freire publicó su primer libro, La educación como práctica de la libertad. El libro fue bien recibido y se le ofreció el puesto de profesor visitante en la Universidad de Harvard en 1969. El año anterior había escrito su famoso libroPedagogía del oprimido, que fue publicado en inglés y en español en 1970. Debido al conflicto político entre las sucesivas dictaduras militares autoritarias y el Freire socialista cristiano, el libro no fue publicado en Brasil hasta 1974, cuando el general Ernesto Geisel tomó control de Brasil e inició su proceso de liberación cultural.
En 1997, el día 2 de mayo, a sus 75 años, falleció Paulo Freire; días antes de su muerte él mismo aún debatía sobre las nuevas perspectivas de la educación en el mundo. Su pensamiento pedagógico continúa vigente en nuestros días. Se considera que sus aportaciones sobre la alfabetización crítica emancipadora son un referente obligado en las nuevas aproximaciones socioculturales sobre la lectura y la escritura en el mundo contemporáneo. Así, por ejemplo, las teorías críticas y los Nuevos Estudios de Literacidad, recuperan buena parte del legado freiriano.
La pedagogía crítica constituye un campo de docencia e investigación que ha tenido como impulsor principal a Freire. En esta línea de trabajo se encuentran los estudios de Giroux, McLaren, Apple, Macedo.

Paulo Freire y la pedagogía crítica
La pedagogía crítica ha sido considerada en la actualidad como el nuevo camino de la pedagogía, una en la cual se invite a las dos partes involucradas a construir sociedad desde la conciencia de los problemas sociales que se viven a diario y que afectan de manera directa e indirecta a las aulas de clase. Unos de los representantes de esta pedagogía es Paulo Freire, quien fue ministro de educación de su país, Brasil. Freire plantea que la educación en cada país debe de convertirse en un proceso político, cada sujeto hace política desde cualquier espacio donde se encuentre y el aula de clase no puede ser indiferente frente a este proceso; para este crítico de la educación, se debe construir el conocimiento, desde las diferentes realidades que afectan a los dos sujetos políticos en acción, aprendiz y maestro.
El maestro debe de ser el ente que lleve a los aprendices a pensarse la sociedad en la cual están desarrollando su proceso de aprendizaje, deben de construir desde los conocimientos previos que estos llevan al aula de clase, ya que son ellos un reflejo visible y fiable de las realidades sociales. Por su parte el aprendiz debe construir el conocimiento como un acto político, desde la relación con el maestro y los demás aprendices dentro del aula, para pasar de ser seres sociales pasivos a seres sociales activos, críticos y pensantes de la sociedad en la que están sumergidos. El pensamiento crítico dentro del aula no puede llevar a sus entes a ser seres negativos, por el contrario el negativismo debe de estar totalmente alejado del pensamiento crítico para no sesgar la mirada a lo positivo que se está viviendo y poder seguir construyendo desde la realidad.
Es precisamente de la pedagogía crítica propuesta por Freire de donde se desprende la Literacidad crítica que ha tenido como uno de sus principales autores al español Daniel Cassany, entre otros. Entendida como todo aquello que esté relacionado con la gestión de la ideología de los discursos, al leer y escribir, engloba todos los conocimientos, habilidades y actitudes y valores derivados del uso generalizado, histórico, individual y social del código escrito. (Cassany, D. “literacidad crítica: leer y escribir la ideología”).  Sin embargo, encontramos otros autores que al igual que Cassany han tenido en el maestro Freire a su principal fundamento para hablar de Literacidad crítica. La razón es que el maestro cree en despertar la conciencia de los estudiantes sobre las posibilidades que existen en el mundo para que, en lugar de conformarse, puedan tomar acciones con el fin de transformar sus vidas. La Literacidad crítica como componente de la pedagogía crítica, se centra en el lenguaje (nieto y Bode. 2008:57), citado en Cummins, 2000. Shor define la literacidad crítica como “el uso del lenguaje que cuestiona la construcción social del individuo” (1999:4)”.

La Alfabetización Crítica
La alfabetización crítica, también conocida como alfabetización liberadora o conscientizadora, es el pensamiento pedagógico de Freire, así como su propuesta para la alfabetización de adultos, que inspiraría los principales programas de alfabetización en Brasil a comienzos de los años 60. Freire elaboró una propuesta de alfabetización cuyo principio básico era A leitura do mundo precede a leitura da palavra (La lectura del mundo precede a la lectura de la palabra). Su objetivo es, incluso antes de iniciar el proceso de alfabetización, llevar al educando a asumirse como sujeto de aprendizaje, como ser capaz y responsable; así como también sobrepasar la compresión mágica de la realidad y desmitificar la cultura letrada, la cual el educando está iniciando. Durante este proceso el estudiante va desarrollando una visión crítica que le permitirá convertirse en un agente de cambio y/o producción cultural, en oposición al modelo de reproducción cultural que impera en la escuela.
En sus reflexiones sobre el acto de leer, Freire explica como en su primera infancia, lo primero que aprendió a leer fue su mundo inmediato, que aunque pequeño brindaba una gran riqueza de experiencias sensoriales. Sonidos, olores, colores y texturas representan los “textos”, “palabras” y “letras” en este contexto. Esta primera lectura se ve enriquecida también por el universo del lenguaje de los mayores quienes en sus conversaciones, a las cuales se ven expuestos los niños, expresan sus creencias, gustos, recelos y valores. Para Freire, sus padres y su profesora de infancia, Eunice Vasconcelos, desempeñaron un papel importante en este proceso; él resalta la importancia de esa primera experiencia con la lectura, en donde el adulto puede tener un rol significativo, promoviéndolo o dificultándolo. Ya en su adolescencia, junto a su profesor de lengua portuguesa, José Pessoa, Freire constituye la comprensión crítica, a través del ejercicio de la percepción crítica de los textos leídos, textos que se ofrecían a su búsqueda inquieta. Poco después, a la edad de veinte años, Freire empieza su labor como docente en los primeros cursos de secundaria y es allí cuando él comienza a poner en práctica su propuesta al permitir a los curiosos estudiantes descubrir los contenidos académicos en forma dinámica y viva, en el cuerpo mismo de los textos. La memorización mecánica de la descripción de un objeto no primaba en el quehacer diario, por el contrario, se daba prioridad al aprendizaje de su significación profunda; de esta manera, se lograba la memorización y posterior fijación.
En los años 80, Freire junto con Macedo analizan los diferentes enfoques de alfabetización tradicional y plantean el enfoque de alfabetización liberadora como solución en el marco de las campañas de alfabetización en las colonias portuguesas en África. Dicho análisis muestra las falencias de los modelos tradicionales al enseñar la lectura y escritura como simples técnicas de decodificación (enfoque académico y enfoque utilitario), asimismo estos enfoques fallan al ignorar al patrimonio cultural de los educandos (enfoque cognitivo y enfoque romántico), silenciando sus voces. Freire y Macedo, resaltan la importancia del lenguaje en la alfabetización y las expresiones de dicho lenguaje fuera del aulaprácticas vernáculas. Para ello, es necesario establecer un diálogo con el educando, en donde se diferencia hablar con el estudiente frente a hablarle al estudiante. Autores como Giroux pedagogía crítica y Cassany nuevos estudios de literacidad entre otros, suscriben los planteamientos de Freire. Cassany, por ejemplo, en sus estudios sobre las nuevas formas de leer y escribir del nuevo siglo, enfatiza en la importancia de lo vernáculo, al hacer referencia al uso de las nuevas tecnologías digitales tanto en el aula como fuera de ella.
Educación bancaria
Paulo Freire en su libro "Pedagogía del oprimido" hace una crítica a la educación que toma a los educandos como recipientes en los cuáles será depositado el saber. A este tipo de educación la llamó bancaría o pedagogía tradicional de los opresores puesto que, el educador es el único poseedor de conocimientos y es él quien va transmitir los conocimientos a los educandos, de tal forma que estos se convierten en sujetos pasivos y por tanto en sujetos oprimidos. En vez de comunicarse, el educador hace comunicados, meras incidencias, reciben pacientemente, memorizan y repiten.
Freire hace referencia a una de las actividades que comúnmente desarrolla el docente, la narración. Nos dice que "La narración, cuyo sujeto es el educador, conduce a los educandos a la memorización mecánica del contenido narrado. Más aún, la narración los transforma en “vasijas”, en recipientes que deben ser “llenados” por el educador. Cuando más vaya llenando los recipientes con su depósitos, tanto mejor educador será. Cuanto más se dejen “llenar” dócilmente, tanto mejor educandos serán.”
Freire consideró que la educación bancaria debe cambiar a una educación con una visión crítica del mundo en donde vivimos, puesto que, no permite la conciencia de la realidad y la liberación de los educandos y sólo sirve a la clase dominante u opresora.
Homenajes
El educador ha recibido innumerables homenajes en diversas partes del mundo. Entre ellos se destaca, en la conmemoración número 92 del natalicio del educador en 2013, la inauguración de la primer estatua de Paulo Freire develada por la Internacional de la Educación en su ciudad natal, Recife, realizada por su amigo personal Adalberto Da Hora. En el acto participaron más de 700 educadores de todo el mundo reunidos en Brasil en el marco del II Encuentro Hacia un Movimiento Pedagógico Latinoamericano, organizado por la federación de sindicatos de la educación Internacional de la Educación.
Máximas de Paulo Freire
Es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta. Siempre estamos escuchando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a preguntas que los alumnos no han hecho.
El acto de escribir implica replantear, innovar y transformar.
El saber no radica en el “acumular conocimientos” si no en el aprender mediante la conciencia crítica.
No existe desfase entre el enseñar y el aprender, pues ambos implican un descubrimiento propio y ajeno.
El aprender implica percibir, repensar y sugerir.
El aprender y el escribir son procesos sincrónicos que permiten la ruptura de paradigmas mediante la concientización cotidiana.
Mi visión de la alfabetización va más allá del ba, be, bi, bo, bu. Porque implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la que está el alfabetizado.
Enseñar exige respeto a los saberes de los educandos.
Enseñar exige la corporización de las palabras por el ejemplo.
Enseñar exige respeto a la autonomía del ser del educando.
Enseñar exige seguridad, capacidad profesional y generosidad.
Enseñar exige saber escuchar.
Nadie es, si se prohíbe que otros sean.
La Pedagogía del oprimido, deja de ser del oprimido y pasa a ser la pedagogía de los hombres en proceso de permanente liberación.
No hay palabra verdadera que no sea unión inquebrantable entre acción y reflexión.
Decir la palabra verdadera es transformar al mundo.
Decir que los hombres son personas y como personas son libres y no hacer nada para lograr concretamente que esta afirmación sea objetiva, es una farsa.
El hombre es hombre, y el mundo es mundo. En la medida en que ambos se encuentran en una relación permanente, el hombre transformando al mundo sufre los efectos de su propia transformación.
El estudio no se mide por el número de páginas leídas en una noche, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre. Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas.
Solo educadores autoritarios niegan la solidaridad entre el acto de educar y el acto de ser educados por los educandos.
Todos nosotros sabemos algo. Todos nosotros ignoramos algo. Por eso, aprendemos siempre
La cultura no es atributo exclusivo de la burguesía. Los llamados «ignorantes» son hombres y mujeres cultos a los que se les ha negado el derecho de expresarse y por ello son sometidos a vivir en una «cultura del silencio».
Alfabetizarse no es aprender a repetir palabras, sino a decir su palabra.
Defendemos el proceso revolucionario como una acción cultural dialogada conjuntamente con el acceso al poder en el esfuerzo serio y profundo de concienciación.
La ciencia y la tecnología, en la sociedad revolucionaria, deben estar al servicio de la liberación permanente de la HUMANIZACIÓN del hombre.
La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo.

Sobre la educación y transformación social
Panel de Paulo Freire en Campinas, São Paulo.
La lucha ya no se reduce a retrasar lo que acontecerá o asegurar su llegada; es preciso reinventar el mundo.
La educación es indispensable en esa reinvención.
Jamás acepté que la práctica educativa debería limitarse sólo a la lectura de la palabra, a la lectura del texto, sino que debería incluir la lectura del contexto, la lectura del mundo.
El mundo no es, el mundo está siendo.
Si soy puro producto de la determinación genética o cultural o de clase, soy irresponsable de lo que hago en el moverme en el mundo y si carezco de responsabilidad no puedo hablar de ética.
Somos seres condicionados pero no determinados.
Todo acto educativo es un acto político.
No puedes enseñar a amar. La única forma de enseñar a amar, es amando. El amor es la transformación definitiva.
La utopía cierta para nosotros no podría ser aquella en que llegaramos a una especie de reino de la irresponsabilidad en que toda la gente usase su libertad para hacer lo que quieren. No es posible.
No hay vida sin límites [...] Yo reconozco que sin límites no es posible vivir.
Sería en verdad una actitud ingenua esperar que las clases dominantes desarrollasen una forma de educación que permitiese a las clases dominadas percibir las injusticias sociales en forma crítica.

Obra
La educación y la realidad brasileña. Recife: Universidad Federal de Recife, 139p. (Tesis de licitación para la silla de Historia de la Educación y Filosofía de Bellas Artes de Pernambuco) (1959)
El propósito de una administración. Recife: University Press, 90p. (1961)
La alfabetización y la conciencia. Porto Alegre: Editora Emma. (1963)
La educación como práctica de la libertad. Introducción Francis C. Weffort. Río de Janeiro: Paz e Terra, (19 ª ed, 1989, 150 p.) (1967)
Educación y concienciación: extencionismo rural. Cuernavaca (México): CIDOC / Cuaderno 25, 320 p. (1968)
Pedagogía del oprimido. Nueva York: Herder y Herder, 1970 (manuscrito en portugués 1968). Publicado con el prefacio de Ernani Maria Fiori. Río de Janeiro, Continuum, 218 p. (1970)
¿Extensión o comunicación? Río de Janeiro: Continuum, 1971 93 p. (1971)
La acción cultural para la libertad y otros escritos. Traducción Claudia Schilling, Buenos Aires: Tierra Nueva, 1975.
Cartas a Guinea-Bissau. Graba un experimento en el proceso. Río de Janeiro: Paz e Terra, (4 ed, 1984.), 173 p. 1977.
Los cristianos y la liberación de los oprimidos. Lisboa: Cuestiones BASE, 49 p., 1978.
La conciencia y la historia: la praxis educativa de Paulo Freire (antología). Sao Paulo: Loyola. 1979:
Multinacional y los trabajadores en Brasil. Sao Paulo: Brasiliense, 226 p. (1979)
Cuatro cartas a los artistas y animadores culturales. Ministerio de Educación y Deportes, Santo Tomé y Príncipe, 1980.
Conciencia: la teoría y la práctica de la liberación; una introducción al pensamiento de Paulo Freire (antología). Sao Paulo: Moraes, 102 p. 1980.
La ideología y la educación: reflexiones sobre la no neutralidad de la educación. Río de Janeiro: Continuum. (1981)
La educación y el cambio. Río de Janeiro: Continuum. (1981)
La importancia del acto de leer (en tres artículos que se han completado). Prefacio por Joaquim Antonio Severino (1982)
Acerca de Educación (Diálogos), Vol. 1 Rio de Janeiro. Continuum. (1982)
La educación popular. Lins (SP): Todos los Hermanos. (1982)
La cultura popular, la educación popular. (1983)
Hacia una pedagogía de la investigación. (1985)
Aprendiendo de la historia misma. Río de Janeiro: Paz e Terra, 168 p. (1987)
En la escuela hacemos: una reflexión interdisciplinaria sobre la educación popular. (1988)
Lo que debe hacer: teoría y práctica de la educación popular. (1989)
El hablar con los educadores. Montevideo. Roca Viva, (1990)
La alfabetización - Lectura del mundo y lectura de la palabra. Río de Janeiro: Continuum. (1990)
La educación en la ciudad. Sao Paulo: Cortez, 144 p, (1991).
Pedagogía de la esperanza: un reencuentro con la Pedagogía del oprimido. Río de Janeiro: Paz e Terra, 245 p. (1992)
Profesor sí, no tía: cartas a aquellos que se atreven a enseñar. Sao Paulo: Ojo de Agua, 127 p. (1993)
Política y educación: ensayos. Sao Paulo: Cortez, 119 p. (1993)
Cartas a Cristina. Prólogo de S. Adriano Nogueira; notas por Ana Maria Araújo Freire. Nueva York: Continuum. 334 p. (1994)
La escuela se llama vida. Sao Paulo: Ática, 1985; 8. Edición. (1994)
A la sombra de esta manguera. Sao Paulo: Ojo de Agua, 120 p. (1995)
Pedagogía: diálogo y conflicto. Sao Paulo: Editora Cortez. (1995)
El miedo y la audacia. (con Ira Shor). Prólogo Ana María Saúl; Río de Janeiro: Continuum, 1987. (1996)
Pedagogía de la autonomía. Río de Janeiro: Paz e Terra, 138 p. (1996)
Pedagogía de la indignación. Cartas pedagógicas en un mundo revuelto. Sao Paulo: UNESP, 134 p. Última obra de Freire, en la que trabajaba al momento de su muerte. (2000)
Por una pedagogía de la pregunta (con Antonio Faundez). Ediciones del CREC, 196 p. (2010)


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Mejores 20 Frases de Paulo Freire


Es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta. Siempre estamos escuchando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a preguntas que los alumnos no han hecho.
Mi visión de la alfabetización va más allá del ba, be, bi, bo, bu. Porque implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la que está el alfabetizado.
Enseñar exige respeto a los saberes de los educandos.
Enseñar exige la corporización de las palabras por el ejemplo.
Enseñar exige respeto a la autonomía del ser del educando.
Enseñar exige seguridad, capacidad profesional y generosidad.
Enseñar exige saber escuchar.
Nadie es, si se prohíbe que otros sean.
La Pedagogía del oprimido, deja de ser del oprimido y pasa a ser la pedagogía de los hombres en proceso de permanente liberación.
No hay palabra verdadera que no sea unión inquebrantable entre acción y reflexión.
Decir la palabra verdadera es transformar al mundo.
Decir que los hombres son personas y como personas son libres y no hacer nada para lograr concretamente que esta afirmación sea objetiva, es una farsa.
El hombre es hombre, y el mundo es mundo. En la medida en que ambos se encuentran en una relación permanente, el hombre transformando al mundo sufre los efectos de su propia transformación.
El estudio no se mide por el número de páginas leídas en una noche, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre. 
Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas.
Solo educadores autoritarios niegan la solidaridad entre el acto de educar y el acto de ser educados por los educandos.

Todos nosotros sabemos algo. Todos nosotros ignoramos algo. Por eso, aprendemos siempre.
La cultura no es atributo exclusivo de la burguesía. Los llamados “ignorantes” son hombres y mujeres cultos a los que se les ha negado el derecho de expresarse y por ello son sometidos a vivir en una “cultura del silencio”.
Alfabetizarse no es aprender a repetir palabras, sino a decir su palabra.
Defendemos el proceso revolucionario como una acción cultural dialogada conjuntamente con el acceso al poder en el esfuerzo serio y profundo de concienciación.
La ciencia y la tecnología, en la sociedad revolucionaria, deben estar al servicio de la liberación permanente de la Humanización del hombre.

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jueves, 30 de julio de 2015

“La pedagogía liberadora del brasileño Paulo Freire y el hipertexto”

Resumen: Los presupuestos teóricos que Paulo Freire desarrolla en  Pedagogía del oprimido, adquieren en nuestros días renovada actualidad. Su discurso pedagógico, que busca transformar el proceso educativo en una práctica del quehacer del educando, se ha convertido en el principio dinámico que anima las últimas reformas educativas. Pero la radicalidad democrática de sus postulados ha desenmascarado también la distancia que todavía existe entre la concepción teórica y la praxis diaria que tiene lugar en nuestras salas de clase. El proceso dialéctico que se establece entre los polos teoría y práctica, y que se proyecta como la fuerza sociocultural de nuestro quehacer colectivo, ha motivado igualmente la creación de ciertas herramientas que ayudan a converger la teoría en la práctica. Una de estas herramientas, que se erige como símbolo del nuevo paradigma educativo, es el hipertexto. Un principio fundamental en los debates que marcan el tema de nuestro tiempo, es la dicotomía que se establece entre la condición humana y sus creaciones. Se habla que el culto al consumo está destruyendo el equilibrio ecológico de la tierra, que la globalización de la economía deshumaniza las relaciones sociales, que la técnica está condicionando y gobernando nuestras vidas. Sin embargo, desde una interpretación dinámica del quehacer humano como proceso dialéctico (Freire 1970, 1993), o como discurso antrópico (Gómez-Martínez 1999), las creaciones humanas emergen como respuestas a las problemáticas que va creando nuestro discurso sociocultural.

El campo pedagógico y la técnica digital ejemplifican bien este proceso. El discurso pedagógico que empieza a difundir Paulo Freire a partir de la década de los años sesenta, responde a un discurso democrático radical que, poco a poco, va impregnando nuestra concepción de la educación, en el sentido de transformar nuestras estructuras tradicionales de educación bancaria en una educación liberadora. Su proyecto, problematización posmoderna, se fundamenta en unos presupuestos filosóficos que implican el inicio de un cambio de paradigma, a través de las fuerzas socioculturales que genera el quehacer colectivo. A su vez, la propuesta pedagógica de Freire, encuentra para su aplicación barreras que la frenan, tanto desde el campo político-ideológico como desde las “herramientas” de uso tradicional en el proceso educativo. El propósito de este estudio es, precisamente, ejemplificar a través de las ideas de Freire y las posibilidades del hipertexto, la íntima relación entre las fuerzas socioculturales y las respuestas técnicas que surgen en el proceso dialéctico entre ellas. 1. Una pedagogía para la liberación En la década de los años sesenta emerge en Iberoamérica un pensamiento original cuyas repercusiones todavía rigen en nuestros días. Y es original en el doble sentido de responder a una situación sociocultural iberoamericana, y en el de proyectar un discurso inédito que problematiza los principios de la modernidad occidental. Además, confrontados por una problemática común, los intelectuales iberoamericanos, tanto del ámbito lingüístico portugués como español, articulan ahora un mismo discurso; sus libros, como ejemplifica el caso del brasileño Paulo Freire, se publican simultáneamente en ambos idiomas. El punto de partida fue la generalización de un sentir de que las teorías desarrollistas adoptadas en la década de los cincuenta, y que llevaban implícita la promesa de un resurgir económico que fortalecería a su vez las instituciones democráticas, habían fracasado. La introspección que se inicia, descubre enseguida ciertas notas comunes que se ven ahora íntimamente relacionadas. 

La pretendida liberación desembocaba en dependencia, en nuevas formas de opresión. Desde la economía a la religión a la educación, se había ignorado la dimensión antrópica (Gómez-Martínez, Más allá) de las estructuras socioculturales. Se descubre que tanto los principios económicos (Cardoso y Faletto, Dependencia), como la institucionalización de la religión (Gutiérrez, Teología), o los sistemas educativos (Freire, Oprimido), se rigen por principios ideológicos que responden a las fuerzas socioculturales que los crean: Iberoamérica no había participado como sujeto, el “desarrollismo” nunca se consideró como un quehacer iberoamericano. La obra del brasileño Paulo Freire surge, pues, como toma de conciencia de las fuerzas socioculturales de su época y como intento expreso de indagar, desde el campo pedagógico, sobre las causas que frenaban la transformación de su sociedad. Freire parte de un presupuesto fundamental: “No pienso auténticamente si los otros tampoco piensan. Simplemente, no puedo pensar por los otros ni para los otros, ni sin los otros. La investigación del pensar del pueblo no puede ser hecha sin el pueblo, sino con él, como sujeto de su pensar” (Oprimido 120). Al fijarse ahora en los sistemas educativos, descubre que la nota común que los caracteriza es que se trata de “una educación para la domesticación” (La educación 26). Es decir, el educando no es el sujeto de su educación. La caracterización que hace Freire de los sistemas de educación de su época suena todavía muy familiar en nuestros días:   “La educación se torna un acto de depositar, en que los educandos son depositarios y el educador el depositante. En lugar de comunicarse, el educador hace comunicados y depósitos que los educandos, meras incidencias u objetos, reciben pacientemente, memorizan y repiten. He ahí la concepción bancaria de la educación, en la que el único margen de acción que se ofrece a los educandos es el de recibir los depósitos, guardarlos y archivarlos” (Oprimido 62-63). Es decir, añade Freire: “Dictamos ideas. No cambiamos ideas. Dictamos clases. No debatimos o discutimos temas. Trabajamos sobre el educando. No trabajamos con él. Le imponemos un orden que él no comparte, al cual sólo se acomoda. No le ofrecemos medios para pensar auténticamente, porque al recibir las fórmulas dadas simplemente las guarda” (93). Freire articula su pensamiento en el contexto de un sector alienado y oprimido de su sociedad, que acepta la opresión como parte de su ser. Desea, en su proyecto de alfabetización de adultos, que a través de la lectura de la palabra, aprendan también, y ante todo, a leer el mundo; que su hacer se convierta en quehacer.

Los principios pedagógicos de Freire, aparte de su aplicación a un aquí y ahora brasileño preciso, se fundamentan en una concepción humanística, en un absoluto respeto por el ser humano, y por ello aplicables a cualquier proyecto educativo. Por otra parte, históricamente, el proceso educativo es un ejemplo tangible de cómo quienes ostentan el poder han resistido el compartirlo. Tuvieron que pasar tres siglos desde la invención de la imprenta, antes de que se iniciara la entrega del “poder” de la lectura al pueblo. Incluso entonces, la educación pública se articuló en discurso depositario; no se buscaba que el educando iniciara su quehacer hacia una conciencia de su humanidad desde la cual poder leer el mundo, sino que se esperaba instruirle para que se pudiera integrar en estructuras económico-sociales precisas y que fuera capaz de un hacer productivo. En este sentido el discurso posmoderno, el discurso de Paulo Freire, que desvela las estructuras de dominación y opresión que conformaban el discurso de la modernidad, implica ante todo una revolución social: una radicalización democrática. Freire ve la educación como un aprendizaje en el quehacer, donde “enseñar no es [ya] la pura transferencia mecánica del perfil del contenido que el profesor hace al alumno, pasivo y dócil” (Esperanza 66), donde el educador no impone la lectura del mundo del libro de texto o su propia lectura del mundo como la única “verdadera”. 2. El oprimido que hospeda al opresor El libro es el símbolo de la modernidad en su doble sentido de imposición y de llevar consigo el germen de su superación. La permanencia del texto fijado en el libro era testimonio del sentido unívoco, universal, de la lectura que el autor hacía del mundo. En un principio era privilegio de una minoría muy restringida. Leer el texto era asimilar y penetrar en la lectura del mundo que nos entregaba el autor. La imprenta rompió el monopolio sobre el texto. Pero se continuó durante siglos ejerciendo un poderoso control sobre el mismo, impidiendo, por una parte, que éste fuera asequible (razones económicas y de conocimiento de los signos) y, por otro lado, imponiendo una lectura cualificada (limitando quién podía publicar y quién podía interpretar: la Iglesia Católica mantiene todavía hoy un estricto control sobre quién está capacitado para interpretar los textos sagrados). En la cultura occidental, la alfabetización se generaliza a mediados del siglo XX, y con la propagación de la lectura vino el inconformismo ante el papel pasivo que se asignaba al lector. Las estructuras de poder sobre el texto se empezaron a resquebrajar. Desde la periferia del poder emergen retos a la autoridad impuesta. Mas, al cortar los lazos con el pretendido sentido unívoco y universal del texto, que mantenía y por el que se mantenía la autoridad, el texto se desplaza en una multiplicidad de sentidos difíciles de controlar, pero ineficaces para superar la estructura opresiva original a que respondía el texto. La “revuelta” posmoderna no consigue un discurso “revolucionario”. Se rechaza la pronunciación unívoca del mundo que antes se quería imponer a través del libro-texto, pero cada nueva lectura se erige igualmente como la única válida. Es decir, se descubre el sentido de prescripción que acompañaba antes al texto, pero no se llega a la lectura a través de un quehacer, sino que sigue imponiéndose su sentido depositario: la lectura busca todavía encontrar el sentido del texto (o como diría Freire, el oprimido cree descubrir la liberación en el modelo del opresor). El paso que nos propone Paulo Freire implica saltar del texto al lector. El lector, el educando, como sujeto del acto de leer. La lectura como un acto de pronunciar el mundo con el mundo. Freire nos habla igualmente de dos momentos distintos en el camino hacia la liberación: uno inicial, en el que se toma conciencia del carácter depositario de toda educación que no considere al educando sujeto del proceso educativo; otro posterior, en el que una vez desenmascaradas las estructuras depositarias, se busca la construcción de unos esquemas pedagógicos que ya no son para el educando sino que se conciben con el educando (Oprimido). 

El hipertexto emerge en este contexto sociocultural. En la primera etapa, que venimos denominando posmoderna, se había puesto en entredicho toda autoridad externa al texto, pero no se cuestionaba el valor simbólico del texto mismo en su formato del libro impreso, a pesar de que éste se había erigido como emblema de la modernidad. La esencialidad del libro es precisamente prescribir un camino: una serie de páginas en sucesión correlativa, en cada una de las cuales se ajustan una serie de líneas, integradas a su vez por palabras que se siguen en un orden inalterable. El libro excluye o, en el mejor de los casos, dificulta que el lector sea sujeto de la lectura. El quehacer del lector requiere la posibilidad de que pueda construir su propio camino. Tal es la función que viene a llenar el hipertexto: facilitar la segunda parte del proceso liberador que propone Paulo Freire. Entendemos el concepto de “hipertexto como una estructura digital de múltiples lexias enlazadas entre sí, y que establecen relaciones intertextuales en diversos niveles de contextualización a través de medios verbales (signos de la escritura, la palabra hablada, etc.), y no-verbales (imágenes y sonidos)” (Gómez-Martínez, “hipertexto” 190-191). El hipertexto, en efecto, confronta al lector con los múltiples posibles caminos que se abren con cada enlace. Le motiva a tomar conciencia del camino a seguir, le fuerza a convertir su trayecto en un  quehacer, le convierte, en una palabra, en sujeto de su lectura: de espectador en creador. 3. El ser humano como devenir Paulo Freire, que entiende al ser humano como devenir, lo describe inmerso en un proceso dialéctico consigo mismo (tensión creadora de nuestro devenir: acción transformadora de nuestra relación con las fuerzas socioculturales de nuestro entorno, mediante la influencia que ejercemos sobre ellas y ellas sobre nosotros en un proceso siempre renovado): “No somos sólo lo que heredamos ni únicamente lo que adquirimos, sino la relación dinámica y procesal de lo que heredamos y lo que adquirimos” (Esperanza 103). La educación, por lo tanto, afirma Freire, debe procurar “un proceso de constante liberación” del ser humano (Extensión 86). Es decir, la lectura del mundo como un quehacer, pues “la problematización es a tal punto dialéctica que sería imposible que alguien la estableciera, sin comprometerse con su proceso” (94). Consecuente con estos principios, Freire rechaza luego la dicotomía que de hecho se establece al encasillar a los seres humanos en el desarrollo educativo a través de una concepción “bancaria” de la educación: la formación de seres en el mundo (adaptados al mundo), en lugar de seres creadores de mundo (Oprimido 78). El objetivo de los sistemas tradicionales de educación es conseguir la adaptación del educando al mundo (más educado cuanto más adaptado). El educando visto como objeto de la educación, como recipiente receptor de una aproximación depositaria, ser pasivo en un proceso de entrega y aceptación. Todo proceso de adaptación implica, por una parte, como señala con ironía Freire, “la existencia de una realidad acabada,” pero también un negar al educando su derecho a transformar el mundo (Extensión 87). Las repercusiones sociales en el mantenimiento del statu quo de las estructuras de poder son obvias. La repercusión del pensamiento que Freire comienza a articular en la década de los años sesenta, ha sido extraordinaria. Las reformas educativas posteriores parecen todas estar de acuerdo en la necesidad de motivar al educando a ser sujeto de su educación. La articulación teórica de esta innovación pedagógica llega incluso a “prescribir” un educando sujeto. Quizás este intento de “prescribir” debe suscitar en nosotros un toque de alarma. Debe recordarnos al “oprimido” del que habla Freire, que identifica la libertad con la apropiación de las características del opresor. Así nos parece, en gran medida, un discurso teórico liberador, cuya aplicación, que había de conducir a la praxis liberadora, se mantiene atrincherada en los esquemas tradicionales de negación de libertad, que impregnan tanto el plan del curso, como los exámenes, el libro de texto, las relaciones educador-educando, la sala de clase e incluso la concepción del educando, entre otros muchos aspectos que tradicionalmente definieron la educación depositaria. Los programas: En los programas de estudio se prescribe un plan donde cada día y cada actividad del día aparecen programados. La aproximación lineal es la nota característica. No se ha superado la concepción newtoniana del tiempo que domina todavía en nuestra cultura. Sobre todo en las dimensiones de que puede dividirse y de que cada división es homogénea, así dividimos el tiempo en bloques. Independiente de las peculiaridades del educador y del educando, se prescribe un plan de estudio donde a la lección “a” debe seguir la lección “b”. 

Se establece a priori que, por ejemplo, la relación del tema de estudio con el contexto histórico o político se haga antes o después del literario o del geográfico. Se restringe de este modo la libertad del educando. Se le desalienta a desarrollar una motivación interna, mediante el premio a los capaces de captar y adaptarse a la estructura que el curso prescribe. Se proscribe, en otras palabras, que el educando convierta el proceso educativo en un quehacer, que se convierta en sujeto de su educación. Las evaluaciones: Los exámenes acentúan la pasividad en la adquisición de los conceptos depositados a través de una serie de pruebas denominadas “objetivas”, que buscan que el educando repita la información depositada en él. La respuesta que reproduce con más exactitud la información depositada, recibe igualmente la nota más meritoria. Estos exámenes se convierten en ejercicios de adopción y adaptación, sin lugar para la individualidad del educando y mucho menos para la problematización de los conceptos: No interesa el camino como producto de un quehacer individual, sino el calco del camino prescripto por el educador o el libro de texto. Los textos: El libro, con su estructura prefijada y cerrada, dificulta (creo que en la mayoría de los casos impide) que el educando vea su proceso educativo como quehacer. El libro, conviene recalcar de nuevo, responde a la estructura de la modernidad, o sea, a un proyecto de control del texto, de la información, del poder. El libro proyecta la ilusión de la estabilidad del texto, subraya la permanencia. El libro, en fin, incita a la lectura pasiva, a la aceptación, a la repetición; celebra la estructura y el orden establecidos, el sistema. La sala de clase: La sala de clase como generadora de diálogo, como encuentro entre los educandos en su quehacer educativo individual, es un lugar necesario, sea éste físico o virtual. Sin embargo, con su implícito aquí y ahora prefijado, puede convertirse en un serio impedimento. Sucede así cuando el énfasis recae en el grupo y en el aquí y ahora, cuando se convierte en extensión de la estructura cerrada de un plan de curso, cuando se circunscribe a la rigidez de un libro de texto a seguir, cuando el educador “dicta” la clase, y el espacio físico se convierte en un lugar reservado para transmitir y depositar información. Educador-educando: Las relaciones educador-educando son complejas incluso en situaciones teóricas ideales. El educador como guía, como tutor, como compañero de diálogo, como motivador, como recurso, apenas es una abstracción en la praxis de los sistemas educativos. Por una parte, la realidad de la educación bancaria que ellos mismos recibieron se erige como un obstáculo formidable para evitar el imitar lo que ellos vieron en sus profesores y que llegaron a aceptar como ideal educativo. Por otra parte, ellos son únicamente un eslabón, sin duda fundamental, pero en definitiva uno de muchos. Incluso quienes llegaron a superar el concepto bancario de la educación tradicional, se encuentran limitados por los obstáculos institucionales enumerados en los puntos anteriores. Paulo Freire subraya con claridad el presupuesto fundamental que debe guiar las relaciones educando-educador: “Es preciso que el educador o la educadora sepan que su ‘aquí’ y su ‘ahora’ son casi siempre un ‘allá’ para el educando. Incluso cuando el sueño del educador es no sólo poner su ‘aquí y ahora’, su saber, al alcance del educando, sino ir más allá de su ‘aquí y ahora’ con él o comprender, feliz, que el educando supera su ‘aquí’, para que ese sueño se realice tiene que partir del ‘aquí’ del educando y no del suyo propio.” (Esperanza 55). El educando: El educando aparece desdoblado en el proceso educativo: por una parte, el ser abstracto del discurso teórico pedagógico y, por otra, la persona real que asiste diariamente a las salas de clase. El que las últimas reformas educativas, por ejemplo, parezcan todas coincidir en que el educando debe ser sujeto de su educación, no ha llegado a alterar el concepto tradicional que presenta al educando como tabula rasa, que el educador debe ir poco a poco llenado, mediante depósitos de los materiales que los programas educativos prescriben. No se ha superado todavía la percepción de que educador es quien sabe y educando quien no sabe. No se ha logrado eliminar tampoco la distancia entre el saber “informal” (la experiencia vivida) y el saber “formal” (el saber adquirido en la escuela). Paulo Freire ya nos hablaba de que “no podemos dejar de lado, despreciando como inservible lo que los educandos –ya sean niños que llegan a la escuela o jóvenes y adultos en centros de educación popular— traen consigo de comprensión del mundo, en las más variadas dimensiones de su práctica dentro de la práctica social de que forman parte” (Esperanza 81). Si el educando ha de ser sujeto de su educación, si ésta debe convertirse en un quehacer del educando según inicia su comprensión del mundo, necesariamente debe arrancar de su propio contexto, de su propia visión del mundo y en diálogo con ella ir apropiándose del saber, hacer su propio camino. Es decir, en palabras de Freire, “para que quien sabe pueda enseñar a quien no sabe es preciso que quien enseña sepa que no sabe todo y que quien aprende sepa que no lo ignora todo” (180). Conviene subrayar en este contexto, aun cuando suene a reiteración, que ninguno de los aspectos destacados anteriormente se da aislado en la praxis educativa. De ahí la dificultad de romper con el círculo depositario de la educación, pues tradicionalmente todos ellos apuntaban en una dirección, y todos ellos necesitan de una transformación radical antes de que pueda emerger el proceso educativo como diálogo, como quehacer. Tal es también el contexto sociocultural que exige, crea y transforma el hipertexto como respuesta a una problemática y a una necesidad. 4. El hipertexto en la educación Hemos hecho ya referencia a lo que denominamos la cultura del libro y la cultura del hipertexto, donde el “libro” y el “hipertexto” se erigen como símbolos de dos paradigmas diferentes. Con el libro el tiempo había dejado de ser dinámico. Precisamente la cultura del libro se basa en este concepto. La crítica e incluso el concepto de diálogo, en el contexto del libro, se estructuran como exterioridad, como referencia fija, inmutable, que todos pueden consultar y reproducir (Landow, “What’s”). La iniciativa posmoderna marca el momento en el que se acentúa el cambio de paradigma. Se empieza a entrar en un mundo antrópico, dinámico, el quehacer como conciencia de nuestro devenir, donde la información interesa por lo que está llegando a ser, por su interacción con un quehacer colectivo o individual. Y esta concepción dinámica está penetrando en todas las facetas de nuestra vida, pues, como señala Freire, “la propia esencia de la democracia incluye una nota fundamental, que le es intrínseca: el cambio” (La educación 85). En este sentido, el hipertexto se nos presenta como superación del libro, como respuesta de nuestro quehacer colectivo a necesidades socioculturales; pero, y recalquemos esto, fuera de la posición de símbolo que le hemos otorgado, el hipertexto no es nada más que una herramienta que puede también ser usada en un sistema tradicional de educación. Por ejemplo, el uso más generalizado del hipertexto en literatura y en filosofía hoy día, sigue siendo un intento deliberado de reproducir el libro impreso en forma digital (en algunos casos, incluso se incluye el lugar donde terminaría la página si estuviera impresa). Mas, del mismo modo que el hipertexto no es la panacea que resolverá el conflicto con que nos atrapaban las estructuras de poder de la modernidad, tampoco puede ser personificado como símbolo de la técnica, considerada ésta como ajena a las fuerzas socioculturales de nuestro quehacer colectivo. Desde los presupuestos que venimos desarrollando en este estudio son inoperantes posiciones como la de Peter Serdiukov cuando señala que “la tecnología se ha convertido en una parte integral de la educación y ha comenzado a modelarla y a dar origen a nuevas formas de educación completamente basadas en la tecnología.” En esta concepción, la tecnología es el elemento agente. 

¿Qué sentido tiene la afirmación “formas de educación completamente basadas en la tecnología”? ¿no puede decirse lo mismo del libro y todavía antes, del manuscrito? ¿la vela, la bombilla, el proyector, no son igualmente productos técnicos? Repitamos, la tecnología no “se ha convertido en una parte integral de la educación,” sino que las exigencias de una educación liberadora han ido transformando la tecnología para satisfacer unas necesidades socioculturales. Y no se trata de un juego de palabras. El cambio de dirección convierte al hombre en agente de su destino y el hipertexto como producto de su quehacer colectivo. Anteriormente utilizamos seis aspectos del proceso educativo para caracterizar los obstáculos de la educación depositaria tradicional. Regresemos de nuevo a ellos para proyectar ahora, aun cuando de modo esquemático, el concepto dinámico del hipertexto. No pretendemos, por supuesto, prescribir un uso, sino únicamente subrayar el potencial del hipertexto en la creación de un ambiente de diálogo, que permita al educando desarrollarse como sujeto de su educación: El plan de estudios: “Estructura” y “libertad” surgen en ocasiones como conceptos antagónicos. A ello hicimos referencia anteriormente al destacar el sentido de prescripción de todo plan de estudios. Pero “libertad” no implica carecer de estructura prefijada si esta es dinámica. Estamos de acuerdo con Freire cuando nos dice que “no hay lugar para la identificación del acto de estudiar, de aprender, de conocer, de enseñar, como puro entretenimiento, una especie de juego con reglas flojas o sin reglas” (Esperanza 79). El hipertexto nos puede proporcionar la libertad en la estructura. Es decir, considerar al hipertexto como estructura o, dicho de otro modo, presentar la estructura del plan de estudios a través de un hipertexto. La innovación que aporta el hipertexto es, en términos simples, una ruptura con la presentación lineal y atemporal del tradicional plan de estudios. El material a estudiar es el mismo; el plazo destinado a cubrir dicho material tampoco cambia. Lo que permite el hipertexto, es que la ordenación de los fragmentos de material a enseñar no esté dispuesta de modo que prescriba un camino a seguir. La información en el hipertexto se presenta a través de numerosas lexias unidas entre sí por múltiples enlaces que construyen en efecto una red. Los enlaces serán a la vez guía y garantía que permite mantener la integridad de la estructura necesaria en todo plan de estudios. El hipertexto permite el objetivo, antes sólo anhelado, de individualizar el plan de estudios. El “plan” se convierte en personal para cada educando en la medida en que navega de una lexia a otra. La estructura del hipertexto es dialogante: en lugar de dictar, sugiere un posible trayecto. Motiva que el educando construya su propio camino. Pero también la estructura del hipertexto debe asegurarse que independiente de la libertad del educando, éste ha de recorrer la “distancia” prevista; será su recorrido y quizás las conclusiones individuales, pero habrá considerado, reflexionado, a lo largo de su camino aquellos temas previstos en el plan de estudios. El educando se apropió de ellos según su propio quehacer, y por lo tanto a través de su propio proceso reflexivo, pero los temas siguen siendo aquellos considerados como vitales en los planes de estudio. 

Evaluación: “Estudiar es desocultar, es alcanzar la comprensión más exacta del objeto, es percibir sus relaciones con otros objetos. Implica que el estudioso, sujeto del estudio, se arriesgue, se aventure, sin lo cual no crea ni recrea” (Freire, Cartas 36). Las palabras claves son “crear” y “recrear”. Todo intento de medir el progreso de los educandos debe tener en cuenta estos objetivos. Los elementos depositarios ahora no tienen valor por sí mismos, sino en función de lo creado o recreado. Es decir, la nota meritoria, el premio, no debe recaer en quien mejor reproduce una serie de elementos depositarios (al modo de las pruebas “objetivas” tradicionales), sino en el uso, creador o recreador, que se hace de dichos elementos depositarios, que también necesitan ser adquiridos. El hipertexto puede convertir la evaluación en una práctica del aprender. Los ejercicios de memorización siguen siendo útiles, pero secundarios en el momento de la evaluación. Lo mismo que el educando fue creando su propio itinerario, al optar por uno u otro enlace que le llevaba a procesos de contextualización únicos, igualmente puede recrear (o crear con) sus conocimientos a través del hipertexto. En este caso, con un trabajo en forma de hipertexto, queremos decir una estructura de textos enlazados dónde el educando no sólo nos presenta un “resultado”, sino también el proceso seguido para conseguirlo, tanto en cuanto a la investigación efectuada, como en las diversas asociaciones que le permitieron pronunciar su “resultado” y que, por lo tanto, lo complementan. El uso de los textos: “Nadie lee o estudia auténticamente si no asume, frente al texto o al objeto de la curiosidad, la forma crítica de ser o de estar siendo sujeto de la curiosidad, sujeto de la lectura, sujeto del proceso de conocer en el que se encuentra. Leer es procurar o buscar crear la comprensión de lo leído” (Freire Cartas 31). Al romper la rigidez que impone el formato del libro, se potencia la independencia, se fuerza a crear el propio camino y con ello a responsabilizarse del texto a leer, o sea, a ser sujeto del acto de leer. La lectura seria, la que busca la comprensión, demanda constantemente el uso de ciertas herramientas no siempre a la mano de los educandos en el caso del libro. Me refiero al uso de diccionarios, de enciclopedias, de manuales, etc. El hipertexto facilita incorporar estos elementos que siempre pueden estar a un clic de distancia, pero que no interrumpen innecesariamente la lectura cuando no se precisan. Todo texto asume un lector ideal en cuanto al contexto que aporta a la lectura (los denominados “libros de texto” representan el caso más obvio). Pero este lector ideal, siempre imaginario, rara vez coincide, en la estructura cerrada del libro, con los lectores reales. El hipertexto se constituye como estructura abierta, que permite la simultaneidad de niveles a través de la posibilidad de una multiplicidad de planos en la forma de lexias con enlaces entre sí y al texto central. Con ello se amplía considerablemente el campo del lector ideal. El hipertexto facilita una lectura individual del texto, pues, como señala con acierto Freire, “la comprensión del texto no está depositada, estática, inmovilizada en sus páginas a la espera de que el lector la desoculte” (Cartas 48). El lector crea significado en diálogo con el autor y su vivencia sociocultural. Lectura, en el contexto de aprender, significa apropiación, pero la apropiación del texto requiere que el lector parta de su realidad, de su aquí, en terminología de Freire. El hipertexto, mediante los enlaces, abre el texto, motiva a verlo como algo dinámico que no posee sentido en sí mismo, sino que adquiere sentido al ser leído: la lectura como construcción personal del texto. Los enlaces pueden llevar a lexias que desarrollan conceptos encontrados y que fuerzan al lector a tomar posición, es decir, a ser sujeto de su lectura, a convertirla en su propio quehacer. La sala de clase: El hipertexto puede transformar la sala de clase, sea ésta virtual o física, en punto de encuentro, en ocasión de diálogo; potencia que la lectura previamente realizada, se convierta en experiencia compartida. Con “transformar” no nos referimos, por supuesto, a las condiciones físicas de la sala de clase, sino a que ésta se convierta de verdad en lugar de encuentro. En el sistema tradicional en el que el profesor dicta y el alumno toma notas, no hay encuentro. El encuentro requiere partir de la pluralidad de los “aquí” de cada uno de los participantes. Pero, para ello es necesario que los educandos puedan tomar conciencia de que la lectura que realizaron y que va a ser objeto de discusión, es también en cada uno de ellos un trayecto único, en cuanto el punto de partida fue individual, pero que a la vez están unidos por el texto leído. La necesidad del encuentro es clara, Freire lo subraya en numerosas ocasiones al señalar que “la discusión del texto realizada por sujetos lectores aclara, ilumina y crea la comprensión grupal de lo leído. En el fondo, la lectura en grupo hace emerger diferentes puntos de vista que, exponiéndose los unos a los otros, enriquecen la producción de la inteligencia del texto (Cartas 48). El énfasis, si ha de producirse el encuentro, no puede recaer ya en la repetición de lo que el texto dice (o sea, sin juicio), sino en cómo se incorpora la lectura en el trayecto que el educando, como individuo, ha seguido; es decir, en qué manera el texto ha modificado cómo era. Y se puede describir en la forma de un trayecto que, por ser individual, difiere en mayor o menor medida del de los demás educandos. El encuentro, como señalaba Freire, es un paso más en ese trayecto que se inició con la lectura, pero que ahora aparece contrastado con otras experiencias, con otros modos de pronunciar el mundo. El hipertexto predispone para que la lectura de una serie de textos sobre un mismo tema se haga a través de caminos diferentes, que por sí mismos autocontextualizan de modos diversos lo leído y que, consecuentemente, predisponen a variados matices en la comprensión de lo leído, que sólo en el diálogo en grupo puede llegar a producir el fruto deseado de repensar lo propio al pensar sobre las perspectivas de los otros. Educador-educando: Freire nos dice que “cualquiera que sea la calidad de la práctica educativa, autoritaria [la prescripción tradicional] o democrática [la educación como quehacer], es siempre directiva” (Esperanza 75). Sólo cuando la dirección del educador interfiere con la capacidad creadora del educando, su labor se convierte en manipulación. El hipertexto proporciona enlaces directrices que potencian la capacidad creadora del educando. Estos enlaces deben incluir la posibilidad de salir fuera de la estructura creada por el autor o prefijada por el educador, de modo que el educando pueda tener acceso igualmente a posiciones encontradas que puedan enriquecer su propia pronunciación del mundo. 

Es decir, la dimensión política y directiva de la educación es un hecho. Nuestro deber, añade Freire, “en cuanto uno de los sujetos de una práctica imposiblemente neutra –la educativa--, es expresar mi respeto por las diferencias de ideas y de opciones. Mi respeto incluso por las posiciones antagónicas a las mías, que combato con seriedad y pasión” (Esperanza 75). El acto de enseñar, pues, “no puede reducirse a un mero enseñar a los alumnos a aprender” como si “el objeto del conocimiento fuese el acto mismo de aprender.” El enseñar a aprender sólo es válido “cuando los educandos aprenden a aprender al aprender la razón de ser del objeto o del contenido” (Esperanza 77). Esto es lo que facilita el hipertexto. Por una parte, la variedad de las posibles estructuras del hipertexto proporcionan cierto control sobre el texto y sobre los posibles trayectos a seguir; por otra parte, aunque los enlaces colocados estratégicamente aseguran que se puedan subrayar los aspectos que el educador considera fundamentales, el educando es quien opta por seguir o no un enlace en un momento determinado. Lo que el hipertexto dificulta, sobre todo si es abierto, es que, en palabras de Freire, “el profesor o profesora, subrepticiamente o no, imponga a sus alumnos su propia ‘lectura del mundo’ [...] [el papel del educador] que no puede ni debe omitirse, al proponer su ‘lectura del mundo’ es señalar que existen otras ‘lecturas del mundo’ diferentes de la suya y hasta antagónicas en ciertas ocasiones” (Esperanza 107). He aquí la función de los enlaces que llevan a estructuras de hipertextos fuera de la propia y permiten al educando, si así lo desea, aventurarse en otras formas de pensar. El educando: Con Freire, partimos del principio de que sólo podemos concebir al ser humano “histórica, cultural y socialmente existiendo, como seres que hacen su ‘camino’ y que, al hacerlo, se exponen y se entregan a ese camino que están haciendo y que a la vez los rehacen a ellos también” (Esperanza: 93). Considerar el  aquí del educando, partir de sus conocimientos del mundo, no significa, por otra parte, “quedarse girando en torno a ese saber. Partir significa ponerse en camino; irse, desplazarse de un punto a otro” (Freire,  Esperanza 66-67). Este es el ideal que facilita el hipertexto. Se motiva al educando a tomar control de la lectura. El mero hecho de optar por seguir un enlace, potencia que ese punto se convierta en su aquí, desde el cual inicia la comprensión y recreación del texto. Los enlaces a posiciones encontradas sobre el tema de la lectura subrayarán su papel de sujeto, pues incita a repensar lo leído y a personalizar la lectura al optar por una de las posturas, o dialogar con ellas, según las asume en su propio quehacer. El hipertexto, en fin, motiva, facilita, que el educando se convierta en sujeto de su proceso educativo. No obstante las consideraciones precedentes, el hipertexto es una herramienta y como tal capaz de múltiples aplicaciones. Aquí hemos buscado relacionar y reflexionar sobre tres conceptos fundamentales: el de educación, el de hipertexto y el de las fuerzas socioculturales de nuestro quehacer colectivo que genera y transforma a ambos. Siguiendo a Freire, hemos partido de un concepto preciso de educación, que propone que “enseñar ya no puede ser ese esfuerzo de transmisión del llamado saber acumulado que se hace de una generación a la otra, y el aprender no puede ser la pura recepción del objeto o el contenido transferido (Cartas 2). Es decir, se trata de una visión radical, de una educación como práctica de la libertad, que ya “no es la transferencia o la transmisión del saber, ni de la cultura, no es la extensión de conocimientos técnicos, no es el acto de depositar informes o hechos en los educandos, no es la ‘perpetuación de los valores de una cultura dada’, no es el ‘esfuerzo de adaptación del educando a su medio’” (Extensión 89). Educar es “un encuentro donde se busca el conocimiento” (91). “La tarea del educador, entonces, es la de problematizar a los educandos, [y] el contenido que los mediatiza” (94). Esta propuesta de Freire, aceptada ya en la teoría del discurso pedagógico, ha creado unas expectativas socioculturales, las cuales se exteriorizan a través de creaciones técnicas que puedan ayudar en la conquista de tales expectativas. La técnica digital, y en nuestro caso de reflexión el hipertexto, es una herramienta que parece responder a las múltiples facetas de la propuesta del brasileño Paulo Freire.

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